Los cortesanos

Los cortesanos
A menudo, en el círculo íntimo de los poderosos, políticos, empresarios y grandes barones universitarios, se ven personajes mediocres o realmente insignificantes. Y parece imposible que personas capaces e inteligentes puedan tenerles confianza, confiarles tareas delicadas y dejar que hacia afuera aparezcan como sus portavoces, los representen, i
La técnica con la que estas personas hacen carrera siguiendo al poderoso se puede observar muy bien en la Universidad. Es el caso del ayudante que científicamente no vale nada, pero es obsecuente, servil, obedece rápidamente, dice siempre que sí. El otro se acostumbra a verlo a su alrededor, a darle las tareas más desagradables y, poco a poco, no puede prescindir más de él. Lo recompensará más tarde con un cátedra, haciendo que pase por encima de otros más merecedores del cargo.
Siempre hay, alrededor de los políticos, numerosos postulantes: abogados sin clientela, arquitectos desocupados, intelectuales hambrientos. Están a su alrededor, pacientes, insistentes. Un día el político se encuentra en dificultades, solo, necesita ayuda, se dirige a uno de ellos. ¿Por qué no hacerlo? No pide nada, está disponible, haría cualquier cosa que se le pidiera. Así empieza la relación. El político no lo estima, pero lo usa. No lo aprecia, pero poco a poco termina por acostumbrarse a él. Con el tiempo puede llegar a depender de él, porque le ha permitido conocer muchos secretos.
Pero hay otra causa. Hay hombres poderosos que tienen miedo de llamar a integrar su círculo más íntimo a personas demasiado inteligentes y demasiado autónomas. Algunos porque son autoritarios y no desean ser contradecidos. Otros porque son megalómanos y desean sentirse admirados, adorados. Otros porque son muy prudentes y saben que las personas de gran valor terminarían por tener influencia sobre ellos, por condicionarlos y no quieren renunciar ni un miligramo a su poder. Otros simplemente por pereza: no quieren discutir y volver a discutir los problemas. Es más descansado, más cómodo estar rodeado habitualmente por mediocres.
Es así como se forman las cortes. La corte era la casa del soberano. En ella habitaban sus familiares, sus colaboradores más estrechos y también el personal doméstico, los juglares, los cortesanos. También hoy, donde hay poder se constituye una corte, aun en miniatura. Se encuentran allí algunos consanguíneos, muy pocos íntimos y, lamentablemente, siempre hay un cierto número de cortesanos.
Estos son los más dañinos, porque han renunciado a pensar, aun admitiendo que lo supieran hacer. Están interesados solamente en su posición, en su puesto tranquilo y sin obligaciones. Incluso si ven que se equivoca, se cuidan muy bien de no oponerse a la opinión de su señor, de contradecirlo. Siempre dicen que sí.
La empresa moderna nació en contraposición a la corte, sobre principios organizativos opuestos. El manager se elige por su competencia y conserva su poder sólo si produce beneficios, si hace prosperar a la empresa. Este, además, utiliza a todos los expertos que puedan ayudarlo. Busca siempre al mejor, se horroriza de los mediocres.
Por desgracia también en la empresa esta regla de oro no siempre se la respeta. Muchos dirigentes tienen miedo a la inteligencia, a la crítica, al dinamismo cultural. Y se rodean de funcionarios obtusos y serviles, verdaderos cortesanos, a menudo ni siquiera graciosos ni divertidos.